viernes, 27 de marzo de 2009

SIGLO DE ORO. VIAJES

Había mucha afición por parte de los españoles para conocer otras tierras. Tan famosos han sido los viajeros extranjeros que parecen desprenderse la idea de que el español apenas cruzaba sus fronteras, salvo para ir a la guerra, esto es falso.
Los peligros eran mayores y los medios de transportes más lentos.
A el español del siglo de oro le gustaba ver la India, Italia o Francia.
Antes de salir de viaje, la costumbre era comulgar. Ya en ruta, muchos viajeros gustaban de ayudarse de una guía de caminos.
En aquella época el español era la lengua dominante gracias a su peso político (parecido al inglés hoy). En cuanto a la moneda eran los ducados de oro y los reales de plata españoles eran bien apetecidos en cualquier parte del mundo.
Otra peculiaridad era el pasaporte, pués en ellos constaba no sólo el nombre y la calidad de la persona en cuestión, si no su ocupación, el número de criados que llevaba, las cabalgaduras, las ropas, los efectos personales y otras particuliaridades, era necesario para no ser tratado como espía en el extranjero.
La ropa de viaje era distinta a la ordinaria, se empleaban botas y no zapatos. El abrigo era muy utilizado para proteger las ropas del polvo del camino así como un sombrero de ala ancha para salvaguardar el rostro de la luz del sol. También llevaban un papahigo, parecidos a las bragas modernas cubrían el cuello y gran parte de la cara.
El equipaje, salvo en el caso de los grandes señores, era más bien escaso y se llevaba todo en portamanteos que eran bolsas grandes de cuero que se colgaban de un hierro puesto para ello en el arzón delantero de la litera.
El medio de transaporte más popular era la mula. Costumbre entre la gente del clero, que no utilizaba otra cosa. Solo los caballeros se podían permitir el lujo de viajar en caballo.
Hasta el siglo XVI no se popularizó el coche de caballos así que las damas principales viajaban dentro de literas o sillas de camino que llevaban mozos jóvenes. Cuando los viajes eran largos, las literas iban suspendidas por dos verales que, prolongándose por delante y por detrás permitían el enganche de mulos. A su lado caminaba literero a pie, sobre una mula de reserva que lo normal es que fuera alquilada. Los llamados alquiladores de mulas eran famosos por sus fechorías, abusos y engaños. Durante el trayecto la costumbre era viajar preferentemente por la noche si era verano o por el día y por el día en invierno. El camino tenía sus riesgos no faltaban los ladrones o bandoleros que asaltaban al descuidado y le dejaban en camisa y atado a un árbol.
Los ricos señores llevaban entre su equipaje su propia "cama de camino" con todo lo necesario como para atravesar un desierto si se decidía viajar por mar el panorama no era mejor. Las embarcaciones solían ser estrechas, sucias y lóbregas.
Los pasajeros dormían en una sala común

CONTAMINACIÓN DEL RIO GUADALQUIVIR

Cientos de miles de peces están apareciendo muertos en las orillas del Guadalquivir, a lo largo de mas de 40 km, como consecuencia de la gran contaminación que sufren las aguas incrementadas por la sequía que padece toda la región andaluza.
Se observa ya la presencia de numerosas gaviotas, que acuden a devorar el pescado muerto.
El envenenamiento de las aguas viene producido por el vertido de residuos de una factoría de fabricación de papel situada en la localidad de Menjívar.
La empresa papelera ha sido objeto de varias denuncias de consejería de medio ambiente.
Nadie ha hecho nada por evitar el problema, solo los vecinos de Andújar que se empeñan en trasladar los peces aún supervivientes de las aguas del Guadalquivir.
Han sido salvados 60 mil kilos de bogas, carpas y barbos.
Los daños causados en la fauna del rio van a tardar mucho tiempo en repararse si no continúan los efectos contaminantes.